“Descubre por qué ‘A fuego lento’ es el lugar perfecto para los amantes de la comida y el cine”

“A fuego lento: una experiencia sensorial que deja un sabor agridulce”

Si algo nos enseñó ‘Ratatouille’, además de las ventajas laborales de que te controle una rata, es que la comida nos lleva a distintos momentos de nuestra vida de manera más precisa que ninguna otra cosa en el mundo. El olor del bizcocho de tu abuela los sábados por la mañana, la textura del pollo asado que comiste aquel verano en el que fuiste feliz, el sabor de la derrota en una sopa de sobre que te hace viajar a aquella primera noche después de romper con el amor de tu vida. Ahora, ‘A fuego lento’ está dispuesta a estimular todos tus sentidos en una película que solo podía ser francesa. Muy, muy francesa.

Si estás pensando en ir a ver ‘A fuego lento’, una recomendación indigna de una crítica de cine pero muy útil es: cena antes. Unas palomitas no van a saciar a tu estómago pidiendo catar cada uno de los muchísimos platos que vas a ver en pantalla, auténticas delicias gourmet filmadas con tanto apego y cariño que casi puedes olerlas, sentirlas y catarlas. Es la sublimación del food porn, una colección inenarrable de viandas deliciosas que, tristemente, nunca termina de ir más allá.

Tran Anh Hung, director conocido por ‘El olor de la papaya verde’, se atreve aquí con un romance entre fogones que, más allá de la textura de los platos y de una química innegable entre Juliette Binoche y Benoit Magimel, no tiene mucho más que ofrecer. Sus más de dos horas se convierten en un camino áspero y largo una vez termina la fascinación culinaria. Por más que la película quiera hacernos partícipes de la intimidad entre ambos y de un continuo tira y afloja con el matrimonio, incluso en sus momentos más trágicos sigue pecando de una frialdad excesiva.

‘A fuego lento’ basa todo en el disfrute o el consuelo de la comida. En decir “te quiero” mediante un plato cocinado con cariño, o “estoy preocupado por ti” preparando la sopa más deliciosa del mundo. Si entras de lleno, estarás ante una de las grandes películas del año. Pero si no, te espera un camino algo tedioso por delante. Hung trata de hacer un espectáculo sobre el disfrute vital a través no solo de la comida, sino también de las amistades, el amor más puro, el sexo o la compañía de quien amas, pero a la receta le falta melosidad y le sobra dureza, distando un poco de ser el plato perfecto que aspira a ser.

Si hace tiempo que añoras en el cine un tipo de película con una fotografía y un ritmo mucho más clásicos de lo que Hollywood nos ha acostumbrado en tiempos modernos, ‘A fuego lento’ es exactamente lo que estás buscando. Una vuelta a otros tiempos donde había hueco para este tipo de historias narradas con el mayor de los cuidados estéticos, donde la mera narración de un romance imposible, sin grandes sorpresas y con los puntos de giro fácilmente predecibles, es suficiente para justificar su desarrollo.

Y ojo: no lo digo como algo negativo en absoluto. Hoy por hoy, ‘A fuego lento’ es puro punk. Cine que es rara avis. Se trata de una cinta pausada, en la que los minutos van pasando lenta pero frágilmente, como si el más mínimo desliz en el precioso y único orden de todos ellos pudiera mandar al traste todo lo que ha ido construyendo. Nunca ocurre: puede que tengamos alguna dificultad al entrar en su propuesta, pero es innegable que uno de sus grandes logros es un extrañísimo equilibrio tonal muy difícil de ver en 2023.

La película plantea algunas dudas que habrían sido muy interesantes de explorar, como ¿amas a alguien o a lo que le hace especial?, pero pasa por ellas muy por encima, casi como si tuviera miedo de introducir matices en una relación de amor con la cocina como base. Nos alejamos de los estresantes fogones de ‘The bear’ o ‘Hierve’ para centrarnos en unas preparaciones tan meticulosas como disfrutonas. De hecho, Eugénie, el personaje interpretado por una celestial Binoche, tiene sus mayores momentos de tranquilidad y pasión entre ollas al fuego, sartenes y carne. Aviso: los veganos no lo van a pasar bien aquí.

Este es un banquete sinuoso, sensual y sabroso al que le falta profundidad fuera de la cocina. Es puro goce sensorial, pero, al mismo tiempo, no logra que los pasos extra que da para convertirse en algo más cristalicen. Y, al final del día, se hace muy difícil comprender la elección de Francia al mandar esta película a competir los Óscar por encima de ‘Anatomía de una caída’, que se ha convertido en un fenómeno internacional. Sí, ‘A fuego lento’ representa muy bien el arte de la cocina y el bon vivant francés, pero le faltan ingredientes para ser genuinamente memorable por sí misma.,